Ser puntual, proactivo, con iniciativa, responsable, participativo, ordenado, diligente, saber hacer frente a los retos y dificultades… Son algunas de las competencias profesionales más valoradas en el mercado laboral actual. Pero este elenco quedaría incompleto si no se incluye a la productividad. Definida como la capacidad de algo o alguien para producir, ser útil y provechoso, es una de las cualidades más valoradas por los empresarios. Dominar la ejecución de las tareas que tiene que desempeñar el trabajador en su día a día es casi tan importante como realizarlas a tiempo. De nada sirve el conocimiento, la valía o la experiencia si luego no se alcanza la efectividad en los resultados.

¿Qué es la productividad?

En términos más exactos, la productividad se define como la capacidad o el nivel de producción por unidad de trabajo. Hace referencia al número de recursos, material, energía y capital humano que debe emplearse para alcanzar un determinado resultado. Es la relación entre lo que se produce y los medios empleados para ello. Así, se afirma que cuantos menos recursos haya que utilizar para lograr el objetivo propuesto, más productivo es ese sistema. Si nos circunscribimos al entorno laboral, la productividad se define como la producción media de cada trabajador medida en un periodo de tiempo determinado. En definitiva, es el tiempo y recursos que emplea el trabajador para realizar sus funciones.

Para que su medición sea relevante y puedan extraerse conclusiones, los resultados han de compararse entre distintos trabajadores de una misma empresa, entre dos o más empresas que compiten en un mismo mercado o entre una empresa y la media del sector en el que desarrolla su actividad. La comparativa de este ratio entre distintos periodos de una misma empresa también resulta muy interesante para analizar la eficacia de las acciones puestas en práctica.

La productividad es uno de los indicadores básicos para analizar la viabilidad de un negocio. Sólo las empresas que consiguen optimizar al máximo sus recursos humanos, financieros y de infraestructura son las que sobreviven en el mercado. En este sentido, puede afirmarse que la productividad determina el éxito o fracaso de una compañía. Se dice que una organización es productiva cuando necesita menos recursos que sus competidores para alcanzar un mismo o superior nivel de producción, o de mayor calidad. Esto conlleva un increíble ahorro de costes, que la empresa puede revertir en el propio proceso productivo. A partir de ahí comienza un círculo virtuoso cuyo resultado es un incremento de los beneficios y la rentabilidad.

Y sólo las empresas productivas son competitivas. La competitividad no puede entenderse sin la productividad. De ahí el incesante empeño por parte de todas las compañías de hallar la clave para mejorar este parámetro. Y de ahí que la productividad personal sea una de las competencias profesionales más valoradas. Si bien los empresarios tienen mucho que aportar en lo que a productividad se refiere (mejores dotaciones, tecnología, formación, retribución y motivación), los trabajadores también pueden desarrollar una serie de hábitos.

Cómo mejorar el rendimiento

Organización

La clave está en planificar la jornada. Repasar mentalmente las tareas que tenemos que desempeñar a lo largo del día y establecer prioridades. Se aconseja elaborar un horario con el tiempo estimado de cada tarea.

Empezar por lo más difícil

Dentro de esas prioridades, lo mejor es comenzar el día resolviendo las cuestiones más complicadas, ya que se supone que es cuando tenemos más energía y capacidad de concentración. Dejar para el final lo más engorroso sólo hará más pesada la jornada.

Las tareas

Una a una. Dice el refrán que “quien mucho abarca, poco aprieta”. Los expertos recomiendan desempeñar las tareas de forma individual, ya que es muy difícil estar centrados en varias cosas a la vez. Hacerlo lastra la productividad.

Descansar

Es fundamental hacer descansos de cinco minutos cada cierto tiempo para poder desconectar. Trabajar durante horas seguidas sin parar afecta a la concentración, creatividad y rendimiento.

Aprende a decir NO

Aceptar más funciones de las que se pueden asumir sólo genera estrés y ansiedad por no poder abarcarlas todas, o en su caso, unos resultados deficientes si finalmente aceptamos realizarlas. Cuando estés inmerso en un determinado proyecto, es mejor centrar toda la atención en él y rechazar otro tipo de propuestas, al menos hasta que lo finalices. Otra alternativa es pedir ayuda o delegar en otras personas tareas y responsabilidades.

Pico de productividad

Todos tenemos un momento del día en el que nos sentimos más frescos y enérgicos. Aprovecha ese periodo de máximo rendimiento para realizar las tareas más relevantes, pesadas o que exijan mayor nivel de atención.

Concentración

La productividad sólo se alcanza cuando estamos totalmente concentrados en la actividad que estemos desempeñando. Por eso, evita las típicas distracciones como llamadas de teléfono, reuniones innecesarias, navegar por Internet, etc.

Orden

El orden es fundamental para realizar un buen trabajo. Una mesa limpia, espaciosa y ordenada nos ayuda a relajarnos y a alcanzar la eficacia en los resultados.

Trabajar menos horas y rendir más. O al menos, aprovechar mucho más el tiempo mientras se trabaja. Éstas son algunas de las pautas básicas para conseguirlo. Anímate a ponerlas en práctica, si no es para convertirte en el trabajador ideal de cualquier jefe, al menos adquirirás una importante cualidad que podrás aplicar en tu vida diaria.

Fuentes: Definición de, El Economista, Definición ABC, Los Recursos Humanos.com

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